Hubiera sido hermoso seguir pensando que el tiempo adereza con especias deliciosas. Pero no es verdad. Puede llegar sin aviso y arrancarnos del lugar en el que vivíamos para lanzarnos de sopetón al peor tugurio visto jamás por un ser humano. Y sucede. Hoy sonriendo y mañana tiritando de frío. El tiempo puede cambiarlo a peor, e incluso, si lo encabronas de verdad, hacer que olvides por completo. Un nombre, la forma de andar, el rostro que antes veías casi a diario.

No deberíamos acostumbrarnos a una sucesión de imágenes agradables, por si acaso el tiempo decide quitárnoslo de las manos, y nos encontramos vacíos al día siguiente. En nuestra cabeza retumbará la voz del ser perdido y creeremos con firmeza que estamos volviéndonos locos.
Emborráchate entonces para que pase más rápido, en un vago intento por acelerarlo y suplicar clemencia. Inténtalo, aunque no siempre ganes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario