Permites que te afecte. El desdén de una persona que solo quería arrancarte el corazón. El garabato de un profesor que en otro estado de ánimo lo hubiera modificado con gusto. El tedio. La incertidumbre al ser incapaz de concebir un gran futuro. Puede que no seas tan grande, ni tan brillante. Una canción que recopila tus peores momentos en un día lluvioso. Permites que se cuele por la fina hendidura de una puerta entreabierta y te agarre de las muñecas para arrastrarte a su zulo oscuro y estrecho. Permites que te zarandee y haga contigo lo que quiera durante el tiempo que pierdes la fuerza de la defensa. Muy atrás quedó el día en que prometiste elevar la barbilla y cogerlo con fuerza para no dejarlo resbalar. El día en que prometiste cogerla de la cintura y matarla de un beso tan largo que al poco fuera incapaz de recordar los anteriores. Atrás.
Tan atrás que el ruido de sus engranajes se convierte en un débil murmullo. Y el murmullo se apaga hasta desapareer del todo. Hay días en los que hubiera sido mejor permanecer en cama, enfermo o profundamente dormido.
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